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Fin de Semana de Récords, Parte III Lunes, septiembre 12, 2005

Posted by El Edu in La Cotidianidad de mi Vida.
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*****SI NO HA LEIDO LAS PARTES I y II, HAGALO EN ESTE PRECISO MOMENTO Y LUEGO VUELVA*****

Temblaba la cama. Las paredes crujían. Tronaba a más no poder. Se nos venía encima una hecatombe. Entre sueños, sentía que algo no estaba bien. Comencé a incorporarme en la cama y fue en ese instante cuando me di cuenta de que no era un terremoto ni una tormenta…

El reloj marcaba las 6:17 AM. Desperté sobresaltado y me lancé despavorido hacia el baño. Aquello fue una descarga atómica. Me sentía como Paul Tibbets en agosto del ’45. Luego de unos segundos de estruendoso ruido, retornó la calma. Había sucedido. Quedaban allí sólo restos de lo que había sido la gula más grande de tacos de la historia. Un fin de semana de maíz, carne y otros vegetales reducido a su mínima expresión. A duras penas logré ponerme de pie y, con las pocas fuerzas que conservaba, logré darme un reconfortante baño, lo único que me permitiría dormir tranquilo luego de hacer historia. La tranquilidad fue retornando a medida que avanzaba la mañana, aunque no he de negar que sí hubo un par de aftershocks antes de que todo estuviese como antes.

Al medio día, le comenté lo acontecido a Pepito, quien me dijo que yo no era el único. TODOS, a excepción de uno o dos, estábamos graves. Así se nos unió Pou a la conversación, y describimos los aconteceres de aquella mañana; cada uno tenía distintas anécdotas, pero todas llegaban al mismo desenvolvimiento catastrófico.

Cuando juzgué prudente salir a la calle, me dirigí al Kaplan preocupado, aunque aliviado a la vez. La tarde transcurrió sin mayores problemas. Fue la primera vez en mucho tiempo que logré concentrarme del todo en el estudio. ¿Será la inteligencia inversamente proporcional al peso del cuerpo? Bueno, no creo, porque un ejemplo que invlida esta hipótesis es nuestro GRAN amigo y genio Pépinot. O quizás es la excepción que confirma la regla. O es quizás sólo un evento fortuito. Creo que está más relacionada (inversamente, claro está) con la cantidad de material de desecho en el cuerpo. ¿Alguien se anima a basar su tesis universitaria en esta teoría? No… eso pensé.

En la noche fui con una amiga a ver Andrea (pusiera el enlace con IMDB, ¡pero ni sale ahí la película!). No esperaba mucho de ella, pero sí un poco más de lo que vi. Pensaba que se trataría de una película de terror basada en alguna leyenda o suceso típico dominicano, y no otra formulaica y vacía película de terror (¿o era una comedia?). Aparte de la filmografía y la edición, las cosas que menos me gustan de las películas dominicanas son el guión y las actuaciones. Todos los diálogos parecen de una obra de teatro. Sé que el fatal guión no ayudaba mucho, pero el director tiene que hacer un esfuerzo por sacar a relucir la naturalidad en las interpretaciones. Sólo recordaba las obras de Navidad que hacíamos en el Loyola. Esto era algo así. Lo que sí es un hecho es que la película logró su principal meta: hacer dinero. Sólo espero que los productores utilicen las recaudaciones y la experiencia adquirida para hacer un proyecto de mayor calidad en el futuro. Ahora, volviendo a nuestra narración, debo decir que me divertí mucho, pero fue porque decidí transformar el encojonamiento que tenía con el animal que estaba sentado detrás de mí, en alegría. ¡¿Por qué la gente tiene que (1) narrar la película, (2) mantener conversaciones públicas por su teléfono móvil, y (3) anticipar en voz alata lo que va a pasar?! Serenity now!

La película tuvo sus momentos aterrorizantes, pero nada como esa última media hora. No podía creerlo. Estaba ocurriendo. Mis manos temblaban, mi frente sudaba. Poco a poco fui callando, tratando de mantener la concentración. Nunca había sentido tanto pavor en una película. Y es que ya cuando pensaba que había dominado los efectos colaterales de la comida mexicana, sentí un peligroso movimiento en mi vientre. No fue un hecho aislado. Ocurría cada vez con mayor frecuencia. Me iba hundiendo en mi sillón, absorto planeando una escapatoria. No me veía con fuerzas para resistir. Y a la vez, ¡no quería perderme el final de la película! Sufría profundamente. ¿Debía excusarme e ir a encargarme de eso allí mismo en el Diamond? Imposibe, descartado. ¿Y qué tal si iba a casa? Era una posibilidad. Pero ya le quedaba poco a la película, no creía posible lograrlo. Las imágenes se iban tornando borrosas y a veces se perdían del todo. Pero aún así resistí. Con una fuerza de voluntad la cual no sabía que poseía, conseguí aguantar al final. Salimos velozmente de allí. Procuré concentrar mi atención en llegar al carro; lo otro lo resolvería luego. Con mucho trabajo, lo logré. Pero todavía tenía que resolver ese asunto. Así que, aprovechando que era en Diamond, cerca de casa, expresé mi deseo de pasar por casa rápidamente a “orinar”, antes de ir a cualquier otro sitio. Rompí el récord de velocidad en entrar a una casa. Subí corriendo a mi habitación, y despojándome de mi vestimenta, hice lo que tenía que hacer… lo único que podía hacer. Una sonrisa adornó mi rostro. Era en aquel momento el hombre más feliz del mundo. Estuve sentado unos 2 minutos, recobrándome, antes de acicalarme de nuevo. Completamente limpio, me cambié y salí de nuevo; todo en menos de 7 minutos (calculado por las canciones que dejé tocando). Y de esa forma, aliviado y como si nada hubiese pasado, retomamos nuestro rumbo. Lo que sí es cierto es que Andrea, más que una película de terror, es una comedia. ¡Pero qué susto pasé!

Listening to Stars – Set Yourself On Fire (2005)Stars - Set Yourself On Fire (2005)

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