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En estos últimos días Jueves, diciembre 22, 2005

Posted by El Edu in La Cotidianidad de mi Vida, Ultimate Frisbee.
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Debo reconocer que mi vida ha cambiado mucho en los últimos meses. De tener siempre una actividad en agenda, o de estar realizando algún deporte continuamente, me he transformado en otro habitante promedio de la Isla. Sólo de vez en cuando juego un poco de Ultimate (como para el torneo de hace dos semanas… en el cual perdimos la final, por cierto) y muy rara vez monto bicicleta. Pero también ha habido cambios muy buenos, algunos de los cuales desearía haber descubierto mucho antes… (como el chimi de sushi). Pero, en fin, a pesar de toda la monotonía, de vez en cuando pasa algo interesante y que puedo compartir con ustedes. Y déjenme confesarles algo: de verdad que me apena en sobremanera no poder escribir con mayor frecuencia, pero, let’s face it, soy medio vago.

El día de la final del torneo de Ultimate, Gabriel nos había invitado a estrenar su casa de Palmar, luego de la remodelación. Pepito y Melina se fueron conmigo. Fue un viaje cómodo, especialmente porque salimos de aquí a las 9 PM y estábamos reventados del torneo e íbamos de lo más tranquilos. La pasamos bien allá. Una cena deliciosa, gracias a los anfitriones. Después comenzaron un partida de póker, de la cual me alejé, ya que no tengo idea de cómo jugar. Así que me quedé conversando con Ame en el muelle y escuchando música de Jack Johnson. Al otro día, El Pepi y yo buscamos a mi buen amigo Jeremiah, quien trabaja como voluntario del Cuerpo de Paz y vive en Villa Fundación, el pueblo más cercano a Ocoa. Nos pasamos el día esquiando (o intentando, por lo menos) y comiendo. Los gringos rompieron. Jeff esquiando con un solo esquí y Jeremiah rompiéndonos a todos en su primera vez en un kneeboard. Eso sí, algo trágico ocurrió. ¿Recuerdan mi séptima posesión más preciada? Sí, esos mismos. Bueno, ya pasaron a la historia. Ocurrió mientras esquiábamos. No, no esquié con ellos y se me perdieron. Peor aún. Se los había dado a Hendrick cuando me tocó esquiar y luego el me los devolvió. Aparentemente me los coloqué en la cabeza y, quizás por la enorme cantidad de cabello que en ella habita, se me olvidó que allí estaban. Así que al tirarme impulsivamente del bote a darme un chapuzón, mis queridos lentes fueron a parar al fondo del mar. Lo grande es que no me dí cuenta hasta luego de un buen rato, por lo que perdía toda esperanza (si alguna vez la hubo) de encontrarlos. Así que otro par de lentes más agregados a mi lista de defunciones lentísticas. Estos me duraron unos 10 meses, lo cual es la vida media promedio de mis gafas. Pero me duele mucho, porque eran muy chulos y ahora deberé bu$car ¢ómo remplazarlo$. Y parece que esa lista fue un fucú, porque también perdí mi pluma Mont Blanc. Creo que voy a guardar encerrados los demás artículos de la lista para evitar más desastres.

El lunes pasado fue el angelito final del Kaplan. Ese debe haber sido el angelito más largo del mundo. Como 6 horas en esa vaina, entre el almuerzo y unos premios ahí que entregaron, hasta el angelito en sí. Algo que me confunde es ¿quié es el angelito, el que da o el que recibe? ¿O a los dos se les llama angelito? Bueno, asumiendo que angelito es quien regala, ¿cómo se refiere uno entonces a la persona que recibe? Ilústrenme, por favor. De todos modos, disfruté mucho siendo el angelito de mi “angelito” (o como sea). Es muy diferente cuando a uno le toca alguien a quien uno le tiene afecto a que cuando le toca un total extraño. Es como cuando a uno le regala cualquier idiota, que sólo lo hace para salir del paso. Por suerte a mí me regalaba mi querida Heysu (¡mortal tu regalo, me encantó!). Claro, sé que hay cosas mucho más importantes que estar perdiendo el tiempo en angelitos (yo era un total opositor a esta práctica), pero la verdad es que uno pasa un buen momento.

Después de ahí nos fuimos a El Rinconcito de las Empanadas a tomarnos unas birras. Yo estoy fuera de práctica parece, porque al segundo vaso ya estaba súper alegre (lo cual no impidió que tomara muchos, muchos más) y salí de ahí con un jumito cómodo, un happy buzz. Luego de escuchar una buena música antes de llegar a casa, me eché a dormir hasta el otro día en el sofá de allá abajo. Esa fue una noche sepul-turera.

El martes en la noche cené donde Elilary, atendiendo a la invitación de Elizabeth para visitar a Briana, su bebé. Una deliciosa cena, acompañada de un excelente vino blanco, el cual siguió el mismo patrón del día anterior, porque a la tercera copa ya estaba cayéndome. Me fui derechito a mi casa esa noche, luego de dejar a Lady, claro, quien había ido a inscribir el examen con ayuda nuestra. Ni pude pasar por casa de Tonín, donde tenían una juntadera Kaplanística. Es que estaba grave. Total, me dormí desde que llegué, pero me levanté a las 12 y se me quitó el sueño. Lo grande es que estaba comenzando Forrest Gump en AXN y me digo a mí mismo “nooooo, ¡¿y e’ fácil ponerme a ver eso a esta hora?!”… bueno, cuando cayó la plumita del libro mientras el estaba sentado con su hijo en la última escena de la película, fue que me dí cuenta del grado de insomnio en el que me encontraba sumergido, porque con todos esos anuncios kilométricos de AXN, esa película debió haber durado una hora más de lo habitual. Pero la pasé bien. Esa película es excelente. Por algo es la preferida de El Pepi.

Esta noche creo que iré a jugar Ultimate, a ver si hago algo de ejercicio y despejo un poco la mente, porque estoy algo lacónico desde que mis amigos se han ido de viaje. Tony, Pepi,…, los extraño… ~sniff~… Ya. Pasó el momento gay. Esos dos sí que están gozando por allá con César y César y César. Ya fueron a un juego del Barsa y a un concierto de Franz Ferdinand. Se dieron grandes.

El 24 cenaré aquí. No sé qué haré después. Obviamente no iré a ninguna fiesta en discoteca, por lo que me juntaré con mis amigos o me acostaré temprano. Yo no entiendo eso de las fiestas en discotecas el 24 y el 31. Es lo mismo que los demás días, sólo que cuesta un cojón y hay que ir en saco a pasar calor y a estar junto a un montón de gente desconocida y borracha. Sí, sé que soy un aburrido para muchos, pero prefiero una juntadera tranquila en casa de alguien o fuera de la ciudad a ir a coger lucha a una fiesta de esas. O si no, vayan al bonche de Frank Lorber el 31, que va a estar mortal (¿verdad, Luisito? Claro, claro, recuerden que lo más importante ese día es la familia y el milagro de la Navidad. Porque ya como que Navidad es sinónimo de vacaciones, fiesta, comedera, bebedera, y nadie recuerda de dónde viene la fiesta. Pero eso será en otro blog. Hasta pronto.


Listening to Badly Drawn Boy – The Hour Of Bewilderbeast (2000)
Badly Drawn Boy - The Hour Of Bewilderbest (2000)

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