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San José de las Matas: lugar de paz, alegría y reposo, Parte I Lunes, febrero 20, 2006

Posted by El Edu in La Cotidianidad de mi Vida.
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Hace algunos días, mi amigo Jacobo me invitó a un operativo médico en San José de las Matas de sábado a lunes. No sabía muchos detalles, pero acepté. Al principio no estaba seguro de irme de la ciudad por tanto tiempo, pero valió la pena. Fue una experiencia sumamente enriquecedora. El viernes tenía servicio en los Bomberos, así que no iba a dormir en mi casa durante varios días. Eso estaba genial. Hacía tiempo que no salía de aquí. Y todo comenzó así…

Llegué al Cuartel de Bomberos a las 2 PM. Tonín ya estaba allí, con muchísima hambre, porque no había almorzado. Yo siempre como antes de ir al servicio, pero lo acompañé a comprar algo por ahí. Fuimos a Petrus, cerquita del cuartel, pero no tenían habichuelas, así que seguimos caminando y hablando. Decidimos ir al KFC de El Conde. La verdad es que no sé si hay uno, porque nunca lo encontramos, pero sí fuimos a un clon de Petrus y Tonín se decidió por el sancocho. Al terminar, volvimos al cuartel. Esta vez cruzamos por la tienda Kalea, para llegar a la calle de los Bomberos. Nos llamaron la atención unas camisetas de fútbol y nos quedamos unos minutos echándoles un vistazos. Estaban bien cómodas, a RD$190. No compramos nada, pero quizás otro día volvamos.

Tuvimos una tarde de lo más agradable. Tonín estaba escuchando las charlas de Goljan y yo repasando Bioquímica. De vez en cuando llegaba algún paciente para que le midiésemos la tensión arterial. Había un señor que iba todos los días a medírsela, porque lo habían medicado unos 10 días antes, y debía llevar un récord diario de su TA. El señor estaba tomando un inhibidor de la ECA (no recuerdo si era captopril o enalapril) y Tonín le pregunto si había estado tosiendo. El señor, muy consternado, nos contó lo nervioso que había estado por la tos, pensando que era un cáncer, tanto así que llamó a una hermana para preguntarle cómo habían comenzado los síntomas de su madre, quien había muerto de cáncer de laringe. Calmadamente, le explicamos que la tos era un efecto secundario del medicamento y que no era una malignidad que estaba desarrollando. Tonín estaba orgulloso de haber hecho sentir mejor al señor y de haber puesto en buena práctica sus conocimientos médicos. Seguimos estudiando y charlando hasta que a las 10:30 le informamos al Oficial del día que íbamos a cenar.

Laura E. había invitado a los compañeros de promoción a su casa a un BBQ, porque hacía meses que tratábamos de reunirnos todos y nunca lo hacíamos. Fuimos allá y compartimos un buen rato con nuestros amigos Nelson, Rebeca, Elilary, Brenda, Wilma y el Dr. Acosta, Hendrick y Natalia, Ivette, Laura, Manuel, Verónica, y Johanna y su novio (si se me quedó alguien, no se ofendan y díganmelo; recuerden que soy medio amnésico). También disfrutamos de unas exquisitas hamburguesas y salchichas, cocinadas por Manuel, el esposo de Laura E y, como si fuera poco, nos brindó un delicioso dulce de tres leches preparado por ella misma. Es el mejor tres leches que he comido en mi vida. Nos llevamos un pedazo para Richard, el Oficial del día, para perpetuar nuestra frialdad.

Volvimos a la estación a las 12:20 AM y nos quedamos un rato en el carro conversando, ya que no había luz. Richard vino a preguntarnos cómo se llamaba aquel dulce tan bueno y nos dijo que le compraría uno a su mujer. Sorpresivamente, la luz volvió a la 1 AM y entramos en seguida al consultorio, para aprovechar el airecito. Seguimos hablando un rato más, hasta que yo me acosté como a las 2 AM. Tonín siguió escuchando Goljan hasta las 4, cuando se fue porque iba a una boda en el interior al otro día. Yo me fui a las 6 AM, porque tenía que traerle la camioneta a Papa, quien iba a la finca temprano. No nos podemos quejar. Fue un excelente servicio. No hubo emergencias, estudiamos mucho, cenamos bien, vimos a nuestros amigos, y tuvimos luz y aire acondicionado el resto de la noche.

Y llegó el sábado…


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Comentarios»

1. Punto y seguido. » Disturbios en Villa Libre - Lunes, febrero 27, 2006

[…] Íbamos esquivando gente y avanzando como podíamos. La gente corría despavorida buscando alejarse del lugar. Llegamos a la estación de X-2 sanos y salvos. Allí nos recibió Richard, quien nos dijo que lo habían transferido permanentemente a esa estación. Desde allí veíamos aquella turba de gente que corría sin rumbo, sólo esperando resguardarse. Nos subimos en la torre, para observar mejor, pero escuchamos más disparos y bajamos inmediatamente de allí. La gente quería entrar a la estación, pero los bomberos habían cerrado las puertas con candado. Sólo permitieron la entrada a una pobre señora que andaba con un grupete de carajitos y la cual había perdido a uno de ellos. Me recordó a Hotel Rwanda esa escena. Claro, sin los cientos de miles de muertos. […]


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