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San José de las Matas: lugar de paz, alegría y reposo, Parte II Jueves, febrero 23, 2006

Posted by El Edu in La Cotidianidad de mi Vida.
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De cómo un simple viaje al interior se convirtió en una enriquecedora experiencia cultural.

La previa

A las 6:20 AM estaba en casa. Ayudé a Papa a subir unos sacos en la camioneta y luego comí algo. Me senté en la PC y leí algunos artículos antes de iniciar mi sesión diaria de Qbank. Ese bloque me maltrató. Pero no importa, poco a poco lo haré mejor.

Salí a casa de El Tony a buscar la mochila GoLite Team Adventure Racing de Francisco, que estaba allá. Es que, como no sabía si habría que caminar o qué era lo que íbamos a hacer, quería ir con algo compacto y versátil. Organicé mi ropa y todo lo que iba a llevar. Mama me preparó unos deliciosos sándwiches para el camino y me quedé un rato en la PC esperando la hora de irme. Me iba a juntar con Jacobo en la Metro, primero a la 1 PM, pero luego decidimos encontrarnos a las 2 PM. Además de los emparedados de mama, llevaba conmigo un paquetón de sandwichitos que me preparó alguien muy especial.

El viaje

Al salir de la estación, notamos que el aire de la guagua no estaba dando la cara. Algunos pasajeros expresaron sus quejas y el chofer fue a revisar el aire que salía de las ventanillas. Era interesante ver cómo se creaba, al señor inspeccionar el aire, una ola de manos elevadas de personas que, seguramente no convencidas aún de que era aire caliente el que salía de allí, tenían que corroborarlo con el test definitivo de la mano en el aire. El disgusto de los pasajeros fue creciendo, pero, aparentemente, era nuestra culpa, ya que el chofer nos dijo que teníamos que haber hablado antes y que ya estábamos lejos. Básicamente, nos mandó pa’ la mi… Ante esta tiranía, algunos pasajeros se rebelaron y resolvieron amotinarse en contra del capitán (chofer). Fueron a la cabina y demandaron que parara el autobús en aquel instante. El chofer, en visible inferioridad numérica, se detuvo a un lado de la carretera y pidió ayuda al cuartel general (la Metro). La mitad de los pasajeros se bajaron de la guagua, en espera de que llegara el remplazo. No sé por qué habría yo de bajarme y quedarme parado bajo el sol mientras podía estar sentado en unos cómodos asientos y disfrutando de unos deliciosos sandwichitos. Y eso hicimos, nos quedamos adentro, y abrimos la caja de sandwichitos. ¡Wow! O sea, ¡wow! Yo había dicho que no iban a durar tres días, ¡pero en ese momento pensé que no iban a durar tres horas! Los de la pasta de queso estaban excelentes, pero los de la cosa blanca con cositas verdes (sí, suena fea mi descripción, pero esa fue mi primera impresión) estaban increíblemente deliciosos. Nunca había probado unos bocadillos tan buenos. Y, de postre, tenía unos bombones Lindt. Le di uno a Jacobo, quien se lo comió mientras yo guardaba los sandwichitos. Cuando me senté, me comí el mío… Eso sí fue orgásmico… Estaba esperando el clásico bombón con una subcapa de galletica que hay que masticar para luego saborear. No, no, este tenía un efecto inmediato. Se derritió al instante de introducirlo en mi boca y el relleno de chocolate recubrió mi paladar con la más exquisita sensación que había sentido en mucho tiempo. Miré a Jacobo y le dije: “¡Viejo, pero esto está delicioso!”. El pensaba que yo los había probado, y por eso no había dicho nada cuando lo probó. Pero también tuvo una sensación similar a la mía. Tengo que comerme otro… ¡PRONTO!

product_lindor.jpg®

Por fin llegó el otro autobús. Buscamos nuestro equipaje y nos montamos. Parece que la gente no estuvo nunca en el CEL y no conocía la regla de mantener los mismos sintios cuando uno volvía a montarse en la guagua. A Jacobo le tocó al lado de un señor en obvio sobrepeso y a mí junto a una señora que cargaba 2 bultos y una cartera… encima de ella. El compañero de Jacobo se pasó el viaje entero roncando, y la gente desesperada porque él hiciera algo, pero ¿qué podía hacer?. Yo hice la mitad del mini Qbook de Patología en mis momentos de lucidez, ya que me dormí como tres veces.

Arribamos a la estación de la Metro en Santiago. Teníamos que esperar allí a que nos fueran a buscar. Estuvimos unos 15 minutos parados hablando y mirando el paisaje. De vez en cuando se asomaba una que otra cibaeña de buena presencia, pero la mayoría herían los ojos. Un señor nos preguntó si éramos los médicos. Al principio pensé que era con alguien más que hablaba, pero luego recordé que sí somos médicos. Eran el padre del Dr. Goris y un tío, quien era el dueño del carro. Al salir de la Metro en aquel Peugeot 406 blanco, nos informaron que Las Matas estaba a 40 km de allí. “Bueeeno, son tres horas que vamos a durar con estos dos viejitos.”, fue lo que pensé. No podía estar más equivocado. Creo que el pana estaba realizando su sueño frustrado de ser piloto de fórmula 1. No habíamos salido de la ciudad y ya había sentido miedo un par de veces. Pero lo mejor fue en la carretera. Sajoma está en las montañas, así que imagínense las curvas y los precipicios que tiene la carretera. Pero, al parecer, el tío Raffy veía una línea recta. Fuimos partícipes de los más insólitos rebases, cortes de pastelitos, frenazos, acelerones, near-death experiences, y demás locuras que jamás se hayan visto en aquellos lados. Hacía rato que nos habíamos puesto nuestros cinturones de seguridad. Lo bueno era que teníamos el comic relief en la persona del Sr. Goris. Me impresionó su capacidad para memorizar de datos y cifras triviales. Aprendimos que en el tri-state area hay 1 millón de dominicanos. Que hay 14 millones de mexicanos en EUA. Que la mitad de los habitantes de Sajoma ha vivido en NYC y la otra mitad vivió allá y ahora vive aquí. El don tenía un dato para cada conversación.

SAJOMA y las empanadas de Leonor

Gracias a la Divina Providencia, llegamos sanos y salvos a la casa del Dr. Goris, a eso de las 5 PM. Está en la avenida principal, del lado izquierdo al llegar. La avenida está adornada a ambos lados por unos samanes centenarios que imparten una agradable belleza al lugar. El Dr. nos recibió con prisa, porque tenía que ir a unas bodas de plata en la Iglesia. Pero Octavio, su hermano, nos llevó a conocer el pueblo. Nuestra primera parada fue para comprar unas clásicas frescosas y hacer más ameno el trayecto. Vimos el parque, la Iglesia, el barrio de los ricos, el barrio de los pobres. En cinco minutos ya conocíamos todo el pueblo. Visitamos El Fuerte, un parquecito mirador, al cual iban antes las parejas a hacer de las suyas, según nos relataba Octavio, con una sonrisa malévola en su cara. Para terminar el paseo, Octavio nos llevó comer las famosas empanadas de Leonora. Habíamos oído hablar de ellas desde que llegamos y estábamos ansiosos por probarlas.

Casa del Dr. Goris en Sajoma®

Leonora vive en las afueras del pueblo y en su casa hay una enramada con sillas y mesas. Nos dijo que estaba sola y que no podía hacerlas sin ayuda. Entristecidos, íbamos camino al carro, cuando cambió de parecer y le dijo a Octavio que la ayudara a prender el fogón. Nos alegramos mucho y nos sentamos a esperar nuestras empanadas de yuca rellenas de papa. Sí, eso era lo peculiar. No estaban rellenas de queso, ni de carne, ni de mariscos, sino de papa. Volvió Leonora con una olla con 20 empanadas para nosotros tres y con una jarrita de café de pilón. Sin titubeos, comenzamos a comer. ¡Qué magníficas empanadas! La crujiente y jugosa masa de yuca envolvía el rico relleno de papa, el cual se apreciaba más con cada mordisco. Eran picanticas, lo que las hacía aún más interesantes. Y la combinación con el café era sorprendentemente exquisita. Jacobo no tomó café, porque era muy tarde, y Leonora le dijo que el que no bebía de su café no volvía. Pobre Jacobo. Espero que a la doña se le olvide eso. No tardó mucho tiempo en que desaparecieran las empanadas. Jacobo y yo nos comimos por lo menos 7 cada uno. Era cierto todo lo que habían dicho de ellas. Acordamos con la doña y su hijo, quien había llegado unos minutos antes, que nos prepararan 60 empanadas (10 para Jacobo y 50 para mí) para pasarlas a buscar el domingo y llevarlas a la capital. Nos dijeron que westarían listas para la tarde. Satisfechos, volvimos a la casa.

La parte de atrás de la residencia tiene vista a la Cordillera Central y, según nos dijeron, se ve el Pico Duarte (no me convenció mucho eso). Hay un acogedor patiecito, con suelo de lajas, banquitos de hierro y lindos faroles. Ah, y un jacuzzi. Tienen ahí mismo otra casa, para los demás familiares, construida en la ladera de la colina. Allí fuimos a jugar billar un rato. Jacobo y Ocatvio jugaron primero, venciendo este último. Luego me tocó a mí y le gané a Octavio (no sé cómo). Y ahí nos llamaron a cenar (de nuevo). Estaba toda la familia en la mesa. Los padres, tíos, primas… Fue una cena familiar. Nosotros estábamos callados todo el tiempo, pero es que nos estábamos cayendo del sueño. Al terminar de cenar, el doctor nos explicó lo que haríamos el domingo.

Casa del Dr. Goris en Sajoma®

El Dr. José Goris

El Dr. Goris es un Primary Care Physician quien tiene su consulta en NYC y es oriundo de San José de las Matas. Venía a explicarle a un grupo de personas de San José de las Matas los nuevos cambios en Medicare y Medicaid. A aquellos interesados en inscribirse en uno de los nuevos planes, Jacobo y yo debíamos hacerle una historia clínica y tomarles la presión y medirles el azúcar en sangre. Algo sencillo. Preparamos el formulario que íbamos a llenar y hablamos un poco del operativo. Al terminar, y cuando pensábamos que ya íbamos a dormir, el doctor nos pidió que lo acompañáramos a la fiesta de la boda, así que fuimos con él. Se ve que había sido un fiestón. No quedaba NADA en el buffet, pero en las mesas había vino y Black Label. Nos tomamos un par de copitas de vino y nos quedamos un rato ahí compartiendo, hasta que llegó la hora de irnos. A petición nuestra, Octavio se adueñó de uno de los Black Labels, para guardarlo para la sesión de billar del domingo. Volvimos a la casa muertos, pero contentos. Nos fuimos derechitos a la cama y al poco rato estábamos rendidos. Había sido un buen día. Y el domingo iba a ser mejor…


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Copyright Eduardo Suero

Comentarios»

1. Kandy - Jueves, febrero 23, 2006

Vaya…

2. Claudia Conde - Jueves, febrero 23, 2006

50 empanadas!!! No lo puedo creerrr! Y no quedó ni una para mii….😦

3. Eduardo - Jueves, febrero 23, 2006

Kandy- Voy…

Claudia- Es que comemos mucho… Pero ya te dije que después de mi examen viene otra tanda.

Lo único malo fue que se me quedó la cámara y sólo tomé un par de fotos con mi celular.

4. Eduardo - Jueves, febrero 23, 2006

Mierquina, yo sí escribí. Y ni cuenta me di…

5. César, El - Jueves, febrero 23, 2006

Wey, eds, en un parrafo, repites “para la tarde estarian listas para la tarde”…. na, no te gusta tener errores (como debe ser, jejeje)

suenan buenas las empanadas, suenan buenas, seguro saben hasta mejor….

6. Eduardo - Jueves, febrero 23, 2006

Hey, men, nítido. Ya lo arreglé.

7. chelle - Viernes, febrero 24, 2006

lol! dike “voy…” jjajajaja

crees que suenan buenas? SABEN BUENISSSIMAS!!!😛 comi de esas 50… no se cuantas realmente, ni keria contar pa ke no me diera verguenza jejeje. pero el E me motivaba a seguir y no le iba a decir que no…. verda?

yo tambien arregle un error- adivinen quien lo noto??? el edu of course.🙂

8. Elilary - Sábado, febrero 25, 2006

Waoo!!, te inspiraste🙂 escribiste mucho; buena terapia para tu memoria jeje.

Empanadas de papa?!!, interesante, si vuelves traeme una para probarla🙂.


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