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Estivi y Boca Negra, Parte II Martes, junio 6, 2006

Posted by El Edu in La Cotidianidad de mi Vida, Montañismo.
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"Hallábame a la mitad de la carrera de nuestra vida, cuando me vi en medio de una oscura selva, fuera de todo camino recto. ¡Ah! ¡Cuán penoso es referir lo horrible e intransitable de aquella cerrada selva, y recordar el pavor que puso en mi pensamiento! No es de seguro mucho más penoso el recuerdo de la muerte. Mas para hablar del consuelo que allí encontré, diré las demás cosas que me acaecieron." –Dante Alighieri, "La Divina Comedia", El Infierno, Canto Primero

A merced de la Opuntia caribaea

El radiante sol nos llamaba a caminar por las orillas de aquel arroyo de agua cristalina. Era como si la naturaleza nos invitara a descubrirla. Pepito llevaba la mochila con el agua y los objetos de valor; yo cargaba la soga; Goku no llevaba nada aparte de su súper traje; y Pablo cargaba su CamelBak mientras iba filmando con su cámara de video y, al mismo tiempo, buscando el sendero que debíamos tomar.

Cruzamos el río para comenzar a ascender por la montaña. Pablo, Goku y yo nos mojamos sin problemas, pero El Pepi estaba empeñado en buscar la forma de no humedecerse los pies. Así que siguió bordeando el río, encaramándose con mucho trabajo por unas rocas, hasta llegar a un punto en el que estaba seguro que podía cruzar sin tocar el agua. Nosotros ya estábamos subiendo por la ladera de la colina y nos detuvimos a observar esta escena. Con la coordinación mental-visual-motora que lo caracteriza, El Pepi tensó toda su musculatura y pegó un brinco hacia el otro lado del río. Bueno, supongo que ese era el objetivo, porque no avanzó ni 20 cm con aquella maniobra y quedó todo empapado, pero feliz por habernos hecho reír a carcajadas.

Ascendíamos por un trillo de tierra seca, rodeado de plantas xerófilas típicas de la región. Por momentos, parecía que perdíamos el camino, pero lo reencontrábamos y continuábamos. Hasta que llegamos a un punto donde no sabíamos que ruta tomar. A la izquierda, había un área despejada, donde hacía poco tiempo habían quemado leña para producir carbón. No veíamos un camino claro por allí. Por la derecha, subía una cañada pedregosa que podía pasar por un camino, pero el cual no sabíamos dónde terminaría. Decidimos caminar por este último, pero luego de unos minutos, nos dimos cuenta que no era la ruta correcta. Decidimos poner a prueba las habilidades superheroicas de Goku y lo mandamos a subir a echar un vistazo al lado izquierdo de aquel camino. Lamentablemente, su agilidad sobrehumana no lo pudo salvar del encuentro con la amiga preferida del Prof. Miguel Medina en sus viajes al Sur: la Opuntia caribaea, mejor conocida como guazábara, y de la cual Huchi Lora, en su programa "de medio a medio", dice lo siguiente:

La guazábara, cactácea nativa del Suroeste y del Noroeste de esta isla, lanza sus peligrosas púas a quien le pase cerca cuando el sol arde con más intensidad. Sus espinas tienen un casquete que tras clavarse en la piel, hace que la punta se quede enterrada aunque se hale la espina. Esta púa causa mucho dolor y es muy infecciosa.

Efectivamente, mucho dolor fue lo que le causó al pobre Goki la guazábara que "lo picó" en la mano. Tenía 4 ó 5 espinas incrustadas en la piel, y, al tratar de halar la planta de un lado, las espinas lo clavaban por el otro. Su rostro reflejaba el estado de dolor e impotencia en que se encontraba. No podía moverse, por lo que no podíamos ayudarlo. Aguantando un poco las risas, logré subir por otro lado para tratar de ayudarlo. Pablo buscó su cámara para tener grabado por siempre tan doloroso momento. Cuandohalábamos la guazábara, sus espinas levantaban la piel, aterrorizándonos aún más. Decididos a salir de aquel percance, Goku reunió todos sus poderes y se concentró en apartar el dolor de su mente. Dimos un fuerte halón a la planta maldita y logramos extraer las púas al mismo tiempo que Goky lanzaba un grito desesperado, seguido por una agradable sensación de libertad y alivio.

El Goky y yo decidimos volver al lugar de la quema, para tratar de buscar un sendero por ese lado, mientras El Grifo y El Pepi continuaban subiendo por la ladera de la cañada. Yo también fui víctima de la guazábara, cuyas espinas traspasaron mi calzado y se clavaron el dedo gordo de mi pie derecho. Maldita. Seguimos introduciéndonos por entre la flora hostil de la montaña, pero pudiendo establecer un ritmo de ascenso considerable. El Grifo y El Pepi se habían separado, y ahora El Pepi no sólo cargaba su mochila, sino también la soga que yo había dejado al ir a ayudar a Goku. Guiándose por nuestras voces, fueron acercándose a donde estábamos. Goku se sentó a esperarlos mientras yo seguía subiendo en busca de un camino. El ascenso fue tornándose cada vez más escabroso, ya que las rocas sueltas no ayudaban a aminorar el miedo que nos producía el risco que a nuestro lado estaba. Ese pedazo me recordaba al Mogote, sólo que con un grado de dificultad de 10x. Ya no estábamos haciendo senderismo; estábamos escalando una ruta 5.6, en medio de cactos, bayahondas, guazábaras, telas de araña, y una que otra tierna mariposita.

Al llegar casi a la cima, encontré dos caminos, uno que continuaba en ascenso, y otro que parecía ir en dirección al salto. Decidí esperar a los demás, y me senté a descansar un buen rato hasta que llegó El Grifo. Cuando le mostré mi hallazgo, recordó que sí era por ahí. Al parecer nos habíamos desviado un poco (2 horas) del camino real, pero ya habíamos vuelto a él. Unas voces que escuchábamos desde hacía rato fueron acercándose cada vez más. Nos agachamos para no llamar la atención en lo que llegaban El Pepi y Goku, pero era muy tarde. Nos habían alcanzado.

Era un grupo de cuatro mozalbetes locales, acompañados de feroces perros guardianes, quienes nos dijeron que iban a arrear chivos a la loma. A pesar del temor que temíamos que fuesen fugitivos de la pandilla del criminal Vladimir Pujols ("El Vla"), capturado cerca de allí luego de aterrorizar a toda la población de Azua, decidimos pedirles orientación. Ellos, asombrados al saber por dónde habíamos subido (sobre todo por cómo subió "la vaca"), nos dijeron qué caminos tomar para llegar al salto y siguieron su rumbo.

Y la montaña ha de enfurecerse

Luego de pasar tanto trabajo escalando la loma, el cielo también conjuraba en contra nuestra. Negras nubes comenzaban a sobrevolar sobre nosotros. El peligro de lluvia era inminente y aún estábamos lejos del salto.

Seguimos caminando hasta llegar a un barranco que interrumpía el sendero. Nos detuvimos unos minutos a analizar qué hacer. Pensábamos que era posible cruzarlo, pero al más mínimo error podíamos terminar en la falda de la montaña con un derrumbe (literalmente) sepulturero. Mientras continuábamos en estas disquisiciones, apareció frente a nosotros, y al otro lado del barranco, uno de los muchachos que nos habíamos encontrado antes. Nos dijo que cruzáramos caminando, que eso no era nada. Y el joven, cuyo nombre era Estivi, nos lo demostró caminando por el borde del barranco como si anduviese en su casa, seguido por su fiel perro, al cual Pepito llamaba por su nombre (o el que el creía que era su nombre): "¡Canegra! ¡Canegra! Ven aquí, Canegra.". Yo me quedé perplejo. ¿Se estaba burlando del pobre perro? Goku se puso serio y le dijo: "Canegra no (idiota). ¡Boca Negra!". Ahí sí me dio miedo de que Estivi nos lanzara al precipicio. Pero no, logramos cruzar todos sanos y salvos. Pero para mi próximo viaje procuraré comprar unos zapatos de plástico de esos que tienen hoyos y los cuales usan los guías del Pico, porque, luego de ver a Estivi cruzar el barranco más de 4 veces sin temor alguno, me parecen más certeras sus palabras de: "Los tenis sólo son para andar por donde camina la gente". Aunque, probablemente, su habilidad se deba a que está harto de pasar por ahí y nosotros estábamos siendo "precavidos". Les dimos las gracias a Estivi y sus amigos y, siguiendo sus instrucciones, tomamos un camino que bajaba de nuevo al río.

En ese momento, sentimos las primeras gotas, y, apenas llegamos abajo, se destapó el aguacero. Nos sentíamos derrotados. Las posibilidades de tirarnos por el salto se veían lejanas. ¿Era prudente arriesgarnos a continuar la exploración por la montaña bajo la torrencial lluvia y con el riesgo de que nos cayera la noche encima sólo para satisfacer nuestro ego? Reconocimos que era peligroso continuar nuestra exploración, pero, con el simple deseo de llegar al salto, decidimos continuar caminando río arriba. Como no esperábamos una travesía tan accidentada, Pablo no tenía medias puestas, y ya estaba pagando el precio. El talón izquierdo pedía descanso, herido por la parte trasera del calzado. No teníamos medias extras, ni duct tape, ni algún otro objeto capaz de aliviarle el dolor al Grifo. Pero Pablo tuvo una brillante idea. Tomó una hoja, la lavó bien con el agua de su CamelBak, la dobló, y la colocó entre el zapato y la piel. Mejor aún, botó esa hoja medio seca y tomó una más verde. ¡Esa sí debía de funcionar! Y seguimos andando, con El Grifo contento con su placebo.

Mientras nos acercábamos al salto, mojados y con frío, nos preguntábamos quiénes eran esos jóvenes que nos habían ayudado antes. ¿Realmente nos habían ayudado o habían logrado ellos alejarnos del corazón de la sierra y del origen del salto? Aunque quizás lo habían hecho para evitarnos sufrir más en aquella montaña infernal. No importaba ya. Estábamos resueltos. Llegaríamos al salto sin importar las consecuencias.

¿Valdría la pena? Pronto lo descubriríamos…

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Copyright Eduardo Suero

Comentarios»

1. Eduardo - Martes, junio 6, 2006

Hey, Pepi, revisa este auction que encontré en eBay.

2. César, El - Miércoles, junio 7, 2006

LOL!!, los maso…

3. chelle - Jueves, junio 8, 2006

ey… me queria dormir pero me cautivaste… ouch y k travesia


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